Estrenos de la semana
El precio de quererlo todo
Dos películas muy distintas colocan esta semana el deseo bajo sospecha. Digger mira hacia las alturas del poder, donde un magnate convencido de controlar el mundo descubre que sus actos pueden conducirlo al desastre. Nuda propiedad baja hasta un problema mucho más cotidiano: conseguir una casa cuando tener un techo se ha convertido en una carrera de obstáculos. Iñárritu trabaja desde la sátira desmesurada; Alberto Utrera, desde una comedia negra reconociblemente española. En ambos casos, detrás de la ambición aparece una pregunta incómoda: cuánto estamos dispuestos a sacrificar para conseguir aquello que creemos necesitar.
Digger
Digger, dirigida por Alejandro G. Iñárritu, presenta a Digger Rockwell, un magnate del petróleo situado entre los hombres más poderosos del planeta. Cuando una de sus operaciones provoca una catástrofe capaz de poner en peligro a la humanidad, Rockwell emprende una frenética campaña para reparar el daño y presentarse ante el mundo como su salvador. Rodeado de políticos, científicos, asesores y otros representantes de las élites, el protagonista intenta controlar tanto las consecuencias del desastre como el relato público de lo sucedido.
Iñárritu abandona aquí la gravedad más solemne de El renacido para abrazar una sátira deliberadamente excesiva. Emmanuel Lubezki vuelve a acompañarlo en la fotografía y la puesta en escena convierte el caos en espectáculo: movimientos amplios, deformaciones visuales, teatralidad y personajes que parecen avanzar siempre a un paso de la caricatura. Tom Cruise acepta ese juego con una entrega inhabitual, escondiendo buena parte de su imagen de estrella bajo maquillaje y gestos desmesurados. Frente a él, Riz Ahmed, Sandra Hüller, John Goodman y Jesse Plemons forman un coro donde ciencia, política, negocio y comunicación compiten por imponer su propia versión de la realidad.
Digger es una película de difícil equilibrio. Su exceso puede resultar estimulante o agotador según cuánto se acepte la apuesta de Iñárritu por convertir el fin del mundo en una farsa. Pero detrás del ruido hay una idea especialmente pertinente: quienes provocan una crisis suelen ser también quienes intentan apropiarse de su solución. Digger no quiere únicamente corregir el desastre; necesita seguir siendo el protagonista. Y en ese narcisismo encuentra la película su mejor mordiente: una sociedad capaz de convertir incluso la catástrofe en una campaña de imagen.
Nuda propiedad
Nuda propiedad, dirigida por Alberto Utrera, sigue a Vera y Lucas, una pareja cercana a los cuarenta que ve cada vez más imposible acceder a una vivienda. La oportunidad aparece cuando encuentran un gran piso a un precio asumible mediante una operación de nuda propiedad: ellos adquieren el inmueble, pero Jesús, su anciano propietario, conservará el derecho a vivir en él hasta su muerte. Lo que parecía una solución perfecta comienza a torcerse cuando Jesús, aparentemente muy enfermo, demuestra una vitalidad inesperada y la impaciencia de la pareja empieza a transformar sus expectativas en algo mucho más oscuro.
Alberto Utrera parte de un problema real para construir una comedia en la tradición de esa España cinematográfica donde una necesidad económica termina conduciendo a personajes corrientes hacia situaciones moralmente disparatadas. Resulta inevitable pensar en la sombra de Berlanga, Azcona o El pisito, aunque la película traslada esa tradición a una generación marcada por alquileres imposibles y una estabilidad que siempre parece aplazada. Susana Abaitua y Maxi Iglesias funcionan precisamente porque Vera y Lucas no nacen como personajes perversos: son dos ciudadanos normales a los que la frustración empieza a deformar.
Ahí está el verdadero hallazgo de Nuda propiedad. La película no necesita inventar un villano porque el antagonista ya existe: un mercado que convierte el deseo de tener hogar en una fuente permanente de ansiedad. El humor negro surge cuando la pareja empieza a mirar la longevidad de otro ser humano como un problema financiero. Utrera lleva esa contradicción hacia el absurdo y, aunque el relato se adentra después en terrenos más convencionales de comedia criminal, permanece una sensación incómoda: cuando una necesidad básica se vuelve inaccesible, incluso personas razonables pueden empezar a fantasear con soluciones poco razonables.
🎬 La opinión del Sr. Director
Digger mira a un hombre que posee casi todo y todavía necesita más. Nuda propiedad observa a dos personas que apenas quieren conseguir algo tan elemental como una casa. Entre ambos extremos aparece una misma enfermedad: cuando el deseo se convierte en obsesión, nuestra forma de mirar a los demás empieza a cambiar.
Iñárritu convierte al poderoso en bufón; Utrera convierte al ciudadano corriente en sospechoso de sus propios pensamientos. Dos comedias oscuras que quizá nos hagan reír antes de preguntarnos de qué nos estamos riendo.
A veces el cine nos hace reír para que bajemos la guardia y podamos reconocernos en aquello que preferiríamos negar. Nos vemos entre butacas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario