Estrenos de la semana
Cuando el miedo organiza la vida
Después del descanso de agosto, vuelve esta sala semanal donde la cartelera no se mira solo como una sucesión de estrenos, sino como un espejo de nuestro tiempo. Y el regreso no puede ser más intenso: Cronos y Enjambre son dos películas españolas que hablan del miedo, aunque desde lugares muy distintos. Una reconstruye las horas posteriores a una herida real, los atentados de Barcelona de 2017; la otra imagina una comunidad rural donde la promesa de refugio empieza a parecerse demasiado a una cárcel. En ambas, el miedo no solo amenaza: ordena, vigila, decide y transforma la manera en que las personas se relacionan.
Cronos
Cronos, dirigida por Fernando González Molina, se sitúa en Barcelona el 17 de agosto de 2017, cuando un atentado en Las Ramblas sacude la ciudad y activa una operación policial contrarreloj. El dispositivo Cronos se pone en marcha para localizar a los responsables del ataque y evitar nuevas acciones durante los días posteriores. La película sigue el trabajo de las fuerzas de seguridad, el impacto social de aquellos hechos y la tensión de una ciudad que intenta sostenerse entre el miedo, la incertidumbre y una respuesta colectiva marcada por el lema “No tinc por”.
Fernando González Molina aborda un material especialmente delicado: hechos recientes, dolor aún reconocible y una memoria colectiva que pertenece a víctimas, familias, policías, periodistas y ciudadanos. La película se mueve en el terreno del thriller dramático, con una estructura de urgencia y una narración que parece avanzar siempre bajo presión. El montaje, la reconstrucción de los espacios y el reparto coral —con Enric Auquer, Diana Gómez y Mónica López al frente— buscan transmitir la sensación de confusión de aquellas horas, cuando cada información podía ser incompleta y cada minuto contenía la posibilidad de una nueva amenaza.
Lo más importante de Cronos es entender que no estamos ante una película cómoda. Tampoco debería serlo. Su fuerza está en volver sobre una herida sin convertirla en espectáculo vacío, aunque el propio género siempre corra ese riesgo. González Molina filma el miedo como un estado de ciudad: calles cortadas, móviles encendidos, miradas perdidas, mandos policiales tomando decisiones y una población que necesita nombrar el valor para no quedar paralizada. La película quizá no busca abrir grandes interrogantes nuevos sobre el 17-A, pero sí cumple una función emocional: recordar que hay días que una sociedad no supera del todo, solo aprende a incorporar a su memoria.
Enjambre
Enjambre, título español de Eixam, dirigida por Óscar Bernàcer, sigue a Lluc, un hombre que lo ha perdido todo y que recibe de Alba una oportunidad para empezar de nuevo. La salida consiste en integrarse en Malpàs, una aldea aislada donde un grupo de personas convive bajo una organización aparentemente armónica, solidaria y autosuficiente. Lluc aprende las normas de esa comunidad y encuentra allí una posibilidad de futuro, pero poco a poco descubre que la utopía tiene un reverso oscuro y que pertenecer al grupo puede exigir un precio demasiado alto.
Óscar Bernàcer construye su primer largometraje de ficción como un thriller rural de atmósfera cerrada, aunque transcurra en espacios abiertos. Esa es una de sus mejores intuiciones: convertir la naturaleza en un lugar ambiguo, tan hermoso como amenazante. El campo no aparece como refugio puro frente a la vida moderna, sino como escenario de una comunidad que ha sustituido el ruido exterior por otras formas de control. Pablo Molinero y Cristina Fernández Pintado sostienen el conflicto central desde dos fuerzas opuestas: él como hombre roto que necesita creer en una segunda oportunidad; ella como figura de acogida, autoridad y misterio.
Enjambre interesa porque toca una tentación muy contemporánea: la de escapar del mundo para encontrar una vida más justa, más limpia, más humana. Pero la película sabe que ninguna comunidad es inocente si exige obediencia absoluta. Bajo la metáfora de la colmena, Bernàcer plantea una pregunta inquietante: ¿cuánto estamos dispuestos a entregar para sentirnos protegidos? La libertad puede perderse también en nombre del bien común, de la seguridad, de la armonía. Y ahí la película encuentra su verdadera mordida: mostrar que las utopías se vuelven peligrosas cuando dejan de aceptar la diferencia y empiezan a tratar cada deseo individual como una amenaza para el grupo.
🎬 La opinión del Sr. Director
Cronos y Enjambre inauguran esta nueva etapa de la sección con una coincidencia poderosa: las dos hablan de comunidades sometidas a presión. En la primera, la comunidad es una ciudad herida por el terrorismo, obligada a responder en medio del caos. En la segunda, la comunidad es una aldea que promete amparo, pero donde la protección se transforma en vigilancia. Una nace de hechos reales; la otra, de una distopía rural. Pero ambas entienden que el miedo es una fuerza política y emocional capaz de reorganizarlo todo.
La película de González Molina mira una tragedia reciente desde la urgencia del thriller y desde el respeto a una memoria compartida. La de Bernàcer mira el deseo de huida como una trampa posible, una búsqueda de refugio que termina revelando nuevas cadenas. Juntas nos dejan una idea incómoda para empezar septiembre: no basta con preguntarnos de qué tenemos miedo; también conviene preguntarnos quién administra ese miedo, quién dicta las normas cuando estamos asustados y qué libertad estamos dispuestos a ceder para sentirnos a salvo.
Volvemos a la cartelera con dos películas que no ofrecen descanso fácil, pero sí algo más valioso: la posibilidad de mirar de frente aquello que nos inquieta como sociedad. Que esta nueva temporada nos encuentre despiertos, atentos y dispuestos a escuchar lo que el cine vuelve a susurrarnos desde la oscuridad. Nos vemos entre butacas. 🎬✨