viernes, 5 de junio de 2026

Los viernes, al cine: Estrenos de la semana

 

Estrenos de la semana

Lugares donde la conciencia no puede esconderse

Esta semana la cartelera nos propone tres películas que, desde registros muy distintos, hablan de espacios dañados. En Backrooms, el horror nace de habitaciones infinitas donde la realidad se descompone. En La luz, el drama moral se instala en una institución que ha confundido durante demasiado tiempo el silencio con la protección. En Rebuilding, un incendio arrasa un rancho, pero también obliga a un hombre a replantearse qué significa pertenecer a un lugar. Tres películas sobre ruinas: unas físicas, otras espirituales, otras íntimas.

Backrooms

Backrooms, dirigida por Kane Parsons, parte del imaginario viral de los espacios liminales: habitaciones vacías, pasillos interminables y lugares cotidianos convertidos en una pesadilla sin salida. La historia gira en torno a una terapeuta cuyo paciente desaparece tras entrar en una dimensión extraña, aparentemente oculta detrás de una puerta imposible. A partir de ese hecho, la película se adentra en un territorio donde la lógica del espacio se rompe y los personajes quedan atrapados entre el miedo, la búsqueda y la sensación de haber cruzado un umbral del que quizá no se regresa.

Kane Parsons lleva al largometraje una estética nacida en internet, pero entiende que el cine exige algo más que reproducir un fenómeno viral. Su principal hallazgo está en convertir el espacio en enemigo. Los pasillos amarillentos, las salas desiertas, los fluorescentes, la textura de vídeo doméstico y el sonido ambiente construyen una angustia persistente, casi física. Backrooms no funciona como terror de criatura, sino como terror de orientación: el miedo no está solo en lo que puede aparecer, sino en no saber dónde estamos, cuánto tiempo llevamos allí ni si el mundo exterior sigue existiendo.

Lo más estimulante de la película es su capacidad para traducir una ansiedad muy contemporánea: la de vivir rodeados de imágenes, archivos y pantallas que parecen prometer realidad, pero terminan abriendo grietas en ella. Parsons filma el miedo como una arquitectura mental. Puede que su relato resulte deliberadamente opaco, incluso esquivo, pero esa misma indefinición forma parte de su fuerza. Backrooms no busca explicar el laberinto; busca que el espectador lo habite, que sienta cómo una habitación vacía puede contener más amenaza que cualquier monstruo mostrado de frente.

La luz

La luz, escrita y dirigida por Fernando Franco, presenta a Manuel, un sacerdote respetado por su comunidad que se dispone a abandonar el sacerdocio para iniciar una nueva vida. Sin embargo, un episodio oscuro de su pasado amenaza con hacerse público y lo obliga a enfrentarse a sus propios actos. A medida que la verdad comienza a abrirse paso, Manuel inicia un recorrido sin retorno que lo enfrentará tanto a su conciencia como a la institución que durante años lo protegió.

Fernando Franco aborda un material incómodo con una puesta en escena seca, sombría y deliberadamente áspera. No busca consuelo ni redención fácil. La película se mueve en un terreno moralmente contaminado, donde cada gesto parece arrastrar una culpa anterior. Alberto San Juan interpreta a Manuel sin convertirlo en una caricatura del mal: lo hace reconocible, cotidiano, humano, y por eso mismo más perturbador. A su alrededor, la Iglesia aparece como estructura de poder, refugio simbólico y mecanismo de ocultación, un espacio donde la luz del título no ilumina para salvar, sino para revelar la mancha.

La luz es una película difícil, y conviene que lo sea. Su valor está en no reducir el horror a una figura aislada, sino en señalar el tejido de complicidades, silencios y justificaciones que permite que ciertas violencias permanezcan enterradas. Franco no filma desde el escándalo fácil, sino desde la incomodidad ética. La película nos obliga a mirar aquello que muchas veces se ha desplazado al terreno del pecado, del arrepentimiento o del secreto, cuando en realidad pertenece al terreno de la responsabilidad, la reparación y la justicia.

Rebuilding

Rebuilding, dirigida y escrita por Max Walker-Silverman, sigue a Dusty, un vaquero divorciado que pierde su rancho familiar en un incendio forestal en Colorado. Tras la destrucción, se instala en un campamento temporal de la FEMA junto a otras personas que también han perdido sus hogares. Allí, mientras intenta recomponer su vida, se reencuentra con su exmujer Ruby y con su hija Callie-Rose, abriéndose poco a poco a una nueva forma de comunidad y de arraigo.

Walker-Silverman construye un neo-western sin épica de conquista. Aquí el paisaje no es una promesa de expansión, sino una tierra herida por el fuego, el cambio climático y la pérdida. La película avanza con una delicadeza casi musical, atenta a los gestos mínimos: una conversación junto a una caravana, una comida compartida, una mirada entre padre e hija, una puerta que se abre cuando antes habría permanecido cerrada. Josh O’Connor interpreta a Dusty desde la contención, como un hombre que ha sido educado para resistir en silencio y que ahora debe aprender algo mucho más difícil: dejarse acompañar.

Lo hermoso de Rebuilding es que no confunde reconstrucción con regreso al punto de partida. Dusty no puede recuperar exactamente lo que perdió; tampoco puede fingir que el incendio ha sido solo un accidente superable con voluntad. La película entiende que algunas pérdidas cambian la forma de mirar el mundo. Pero también defiende, sin ingenuidad, que la esperanza puede ser una práctica compartida. No es una película sobre volver a levantar un rancho, sino sobre descubrir que un hogar puede nacer allí donde alguien decide quedarse a tu lado cuando ya no queda nada.

🎬 La opinión del Sr. Director

Las tres películas de esta semana podrían leerse como un recorrido por distintas formas de encierro. Backrooms encierra a sus personajes en un laberinto imposible; La luz encierra a Manuel en una culpa que ya no puede seguir escondida; Rebuilding encierra a Dusty en la intemperie de quien lo ha perdido todo. Pero también hay una diferencia decisiva: mientras el terror de Kane Parsons convierte el espacio en una amenaza y Fernando Franco convierte la verdad en una condena necesaria, Max Walker-Silverman encuentra en la comunidad una salida posible.

Quizá por eso esta selección deja una sensación tan poderosa: porque nos recuerda que no todos los lugares destruidos pueden reconstruirse, pero sí podemos decidir qué hacemos con la verdad cuando por fin aparece ante nosotros. Nos vemos entre butacas. 🎬✨