Estrenos de la semana
Viajes, fronteras y lugares que no siempre nos pertenecen
Esta semana la cartelera nos invita a mirar dos viajes muy distintos. En Magallanes, Lav Diaz revisa una de las grandes expediciones de la historia desde una mirada lenta, incómoda y desmitificadora. En Hermanos, Carol y Marina Rodríguez Colás acompañan a tres adolescentes desde la periferia de Barcelona hasta una fiesta en la zona alta, convirtiendo ese pequeño desplazamiento urbano en un mapa de clase, deseo y pertenencia. Una película cruza océanos; la otra cruza barrios. Pero ambas hablan de lo mismo: de quién puede moverse por el mundo sintiéndose dueño de su destino y quién descubre, demasiado pronto, que toda frontera tiene guardianes visibles e invisibles.
Magallanes
Magallanes, dirigida y escrita por Lav Diaz, sigue al navegante portugués Fernando de Magallanes en los años previos y durante la expedición que buscaba abrir una nueva ruta hacia Oriente bajo el patrocinio de la Corona española. El viaje, marcado por el hambre, los motines, la tensión religiosa y el agotamiento de la tripulación, se transforma progresivamente en una travesía física y moral. Al llegar al archipiélago malayo, la voluntad de conquista y conversión de Magallanes provoca enfrentamientos que revelan la violencia oculta bajo el relato heroico de la exploración.
Lav Diaz no filma la aventura como conquista luminosa, sino como un territorio de espera, fanatismo y desgaste. Frente a la épica tradicional, su película trabaja la quietud: los tiempos muertos, los silencios, la inmovilidad del mar, la respiración pesada de los cuerpos y esa sensación de que la historia avanza no por grandes gestas, sino por acumulación de heridas. Gael García Bernal compone un Magallanes contenido, obsesivo, más cercano al hombre arrastrado por una misión espiritual que al héroe de manual escolar. La película encuentra su fuerza precisamente en esa renuncia al espectáculo fácil: la acción queda contenida, casi reprimida, mientras el paisaje y la duración van revelando la sombra colonial del viaje.
Lo más valioso de Magallanes está en su voluntad de mirar el mito desde el reverso. Diaz no parece interesado en celebrar el descubrimiento, sino en preguntarse qué precio humano, cultural y espiritual hubo detrás de esa palabra. Su cine, incluso aquí en una duración más accesible que otros trabajos suyos, mantiene una gravedad hipnótica. La película exige paciencia, pero recompensa con una lectura poderosa: la historia no siempre se escribe con mapas y nombres gloriosos; a veces se escribe con cuerpos sometidos, lenguas silenciadas y una cruz utilizada como permiso para la violencia. Magallanes no engrandece la expedición: la vuelve inquietante.
Hermanos
Hermanos, dirigida por Carol Rodríguez Colás y Marina Rodríguez Colás, sigue a Ayman, un adolescente marroquí que asiste a la fiesta de cumpleaños de Sara, una joven catalana, en la casa donde trabaja su madre como empleada doméstica. Acompañado por sus amigos Eric y Rober, emprende un recorrido desde su entorno habitual hacia un espacio social que les resulta cercano y ajeno al mismo tiempo. Durante esa noche, los tres jóvenes se enfrentan a tensiones de clase, deseo, racismo cotidiano y expectativas frustradas que pondrán a prueba su amistad.
Las hermanas Rodríguez Colás regresan a un territorio que ya conocen bien: la periferia como espacio vital, no como decorado de miseria ni como postal sociológica. Hermanos apuesta por un naturalismo cercano, atento al lenguaje de la calle, a los códigos de grupo y a esa mezcla de orgullo, vergüenza, rabia y ternura que atraviesa la adolescencia. La película funciona mejor cuando observa a sus jóvenes protagonistas sin convertirlos en símbolos. Badr Oubahassou, Omar Mills y Pau Márquez aportan una frescura esencial: sus personajes respiran verdad cuando hablan, cuando se desafían, cuando presumen y cuando se sienten pequeños ante un mundo que les recuerda constantemente de dónde vienen.
Hermanos tiene el mérito de colocar el racismo y la desigualdad en situaciones cotidianas, sin necesidad de grandes discursos. Una pregunta aparentemente inocente, una mirada en una fiesta, una diferencia de acento, ropa o domicilio bastan para que el suelo se mueva bajo los pies de los personajes. La película quizá subraya demasiado algunas ideas y no siempre alcanza toda la profundidad dramática que promete, pero acierta en algo importante: mostrar que la amistad adolescente también es una forma de resistencia. Ayman, Eric y Rober no tienen todavía las palabras para explicar del todo lo que les ocurre, pero sí tienen un vínculo. Y a veces, en esa edad incierta, un vínculo puede ser lo más parecido a una casa.
🎬 La opinión del Sr. Director
Magallanes y Hermanos podrían parecer dos películas sin contacto posible: una se abre al siglo XVI, al mar, a la conquista y a los fantasmas de la historia; la otra se mueve por la Barcelona contemporánea, entre adolescentes que solo quieren ir a una fiesta y descubrir quiénes son. Pero las dos hablan de desplazamientos atravesados por el poder. Magallanes viaja convencido de que el mundo puede ser nombrado, poseído y convertido. Ayman y sus amigos viajan apenas unos barrios, pero descubren que también en una ciudad moderna existen territorios donde uno entra sintiéndose observado.
La grandeza de esta combinación está en su contraste. Lav Diaz mira la Historia con mayúsculas para desmontar su relato heroico. Carol y Marina Rodríguez Colás miran una noche adolescente para revelar las heridas pequeñas, repetidas y persistentes de la desigualdad. Una película habla de imperios; la otra, de chicos que buscan su lugar. Pero ambas nos recuerdan que no hay viaje inocente cuando el mundo ya está repartido antes de que uno empiece a caminar.
Esta semana, el cine nos deja una imagen doble: un barco que avanza hacia la historia y tres muchachos que cruzan la ciudad buscando una promesa de pertenencia. En ambos casos, el destino no está solo al final del trayecto, sino en todo lo que el camino revela. Nos vemos entre butacas. 🎬✨