Estrenos de la semana
Cuando alguien entra y todo cambia
Tres películas muy distintas coinciden esta semana en una misma intuición: basta una presencia inesperada para alterar el orden que creíamos seguro. Lee Chang-dong enfrenta a dos matrimonios separados por el dinero y por la mirada de una cámara; Fernando Eimbcke introduce a un niño en la rutina férrea de una mujer que había aprendido a vivir sola; José Mota obliga a un hombre endurecido por la guerra a reencontrarse con la imaginación que heredó de su padre. Un amor posible, Moscas y Arriba Tutto hablan, cada una a su manera, de personas obligadas a mirar de nuevo una vida que ya daban por entendida.
Un amor posible
Ho-seok es un trabajador despedido cuya vida familiar arrastra todavía las consecuencias económicas y emocionales de la pérdida del empleo. Su esposa, Mi-ok, mantiene como puede el equilibrio cotidiano. Sus caminos se cruzan con los de Ye-ji, una documentalista interesada en retratar a trabajadores afectados por la reconversión industrial, y Sang-woo, su acomodado marido. El proyecto cinematográfico acerca a los dos matrimonios y termina abriendo un espacio donde las diferencias sociales, las frustraciones conyugales y ciertos deseos hasta entonces ocultos empiezan a mezclarse.
Lee Chang-dong regresa ocho años después de Burning con una película extensa y paciente que trabaja por acumulación. Las revelaciones llegan lentamente, a través de conversaciones, miradas y pequeñas incomodidades que van modificando nuestra percepción de los cuatro personajes. La cámara que Ye-ji introduce en la vida del matrimonio obrero no es únicamente una herramienta narrativa: plantea una cuestión moral sobre quién posee una historia y hasta qué punto observar el sufrimiento de otro puede convertirse también en una forma de apropiación. Jeon Do-yeon sostiene buena parte de esa complejidad con una interpretación donde conviven entusiasmo, cansancio, deseo y orgullo, mientras Lee hace que las diferencias de clase estén presentes incluso cuando nadie habla de dinero.
Un amor posible es probablemente la película más ambiciosa de las tres y también la que más exige al espectador. Sus 164 minutos no buscan precipitar el conflicto, sino dejar que las relaciones se contaminen poco a poco de comparación, admiración, envidia y afecto. Lee no presenta pobres virtuosos frente a ricos culpables: le interesa una zona bastante más incómoda, aquella en la que incluso la amistad puede estar condicionada por la desigualdad. El resultado es un drama de enorme inteligencia que termina preguntándose si podemos querer verdaderamente a alguien cuya vida deseamos, compadecemos o utilizamos para explicarnos la nuestra.
Moscas
Olga tiene cincuenta y cinco años, vive sola en un gran bloque de viviendas y necesita dinero para afrontar una operación. Por eso alquila una habitación a Tulio, un hombre cuya mujer está ingresada en el hospital situado frente al edificio. Olga ignora que el nuevo inquilino ha introducido también en el piso a Cristian, su hijo de nueve años. Cuando descubre al niño, su rutina de sudokus, televisión, siestas y aislamiento comienza a transformarse mediante una convivencia que ninguno de los dos había buscado.
Fernando Eimbcke vuelve al blanco y negro y a ese territorio en el que parece sentirse especialmente cómodo: personajes corrientes observados con paciencia mientras las pequeñas cosas terminan revelando mucho más que los grandes acontecimientos. María Secco fotografía los interiores con una sobriedad que refuerza la sensación de encierro y los planos fijos dejan espacio para que el humor nazca del comportamiento, de los silencios y de los objetos. Eimbcke nunca necesita subrayar la ternura. Incluso el propio título funciona desde esa lógica: una molestia mínima, una presencia que uno querría expulsar y que acaba alterando por completo la habitación.
Hay una modestia muy hermosa en Moscas. La película no pretende convertir el encuentro entre Olga y Cristian en una fábula redentora ni hacer de la soledad una enfermedad que deba curarse. Simplemente observa qué sucede cuando alguien ocupa un espacio que habíamos decidido reservar únicamente para nosotros. Teresita Sánchez compone a Olga sin buscar simpatía inmediata y Bastián Escobar introduce una naturalidad que mantiene a raya cualquier tentación sentimental. Eimbcke encuentra así emoción donde otros buscarían drama: en una espera, una partida, una comida o una conversación que quizá no parezca importante hasta que termina.
Arriba Tutto
En 1905, Michi es un niño que viaja junto a su padre, un cómico ambulante empeñado en enseñarle que incluso en las situaciones más difíciles puede encontrarse humor, imaginación y asombro. Años después, la guerra ha convertido a aquel muchacho en un hombre amargado y dominado por el rencor. Un acontecimiento inesperado y el reencuentro con Conchita, su amor de infancia, lo obligarán a recuperar una parte de aquella forma de entender la vida que parecía definitivamente perdida.
José Mota se estrena en la dirección con una película que no oculta sus referentes: Chaplin, Lubitsch, Berlanga, La vida es bella o incluso la memoria sentimental de Cinema Paradiso sobrevuelan una tragicomedia que coloca el humor frente a la violencia y la intolerancia. La fotografía de Kiko de la Rica dota al paisaje castellano de un aspecto deliberadamente clásico y la película busca combinar aventura, fantasía, melodrama y comedia popular. Karra Elejalde aporta peso al primer tramo y Mota, ya como Michi adulto, traslada a la pantalla muchas de las obsesiones que han recorrido su carrera como humorista.
Arriba Tutto es seguramente la propuesta más irregular de esta semana, pero también una de las más sincera en sus intenciones. Mota quiere defender la risa como una forma de insumisión y no teme resultar ingenuo al hacerlo. Esa voluntad provoca algunos cambios de tono bruscos y momentos donde la emoción parece demasiado buscada, pero sería injusto negar la ambición de un debut que intenta algo bastante más arriesgado que trasladar sus sketches al cine. Su mejor argumento aparece cuando deja de insistir en la moraleja y permite que la comedia haga precisamente aquello que reivindica: abrir una pequeña posibilidad de libertad allí donde todo parece cerrado.
🎬 La opinión del Sr. Director
Lee Chang-dong necesita dos matrimonios para hablar de las distancias que crea el dinero; Eimbcke necesita una mujer y un niño para demostrar cuánto puede cambiar una vida sin hacer ruido; José Mota recurre a la comedia para preguntarse qué queda de nosotros cuando el mundo consigue arrebatarnos la capacidad de asombro.
Si tuviera que elegir, Un amor posible es la película más profunda de la semana y Moscas, quizá, la que alcanza con menos elementos una emoción más limpia. Arriba Tutto tropieza más, pero hay algo respetable en su defensa casi obstinada de la risa cuando todo invita a renunciar a ella.
A veces basta que alguien entre en nuestra vida para descubrir que llevábamos demasiado tiempo mirando siempre hacia el mismo sitio.
Nos vemos entre butacas.



















