El Macondo de Gabo blog
domingo, 20 de septiembre de 2026
sábado, 19 de septiembre de 2026
viernes, 18 de septiembre de 2026
Los viernes, al cine: Estrenos de la semana
Estrenos de la semana
Decidir bajo presión, caer sin rendirse
La cartelera de esta semana junta dos películas que no podrían parecer más distintas. Tiempo de victoria encierra al espectador en las horas previas al desembarco de Normandía, cuando una previsión meteorológica podía alterar el curso de la guerra. Coyote vs. ACME lleva a los tribunales a uno de los grandes perdedores de la historia de la animación. Una habla de decisiones que pesan sobre millones de vidas; la otra convierte el fracaso perpetuo en comedia. Y, sin embargo, ambas giran alrededor de una misma idea: qué hacemos cuando todo depende de seguir adelante después de haber fallado demasiadas veces.
Tiempo de victoria
Tiempo de victoria, título español de Pressure, dirigida por Anthony Maras, se sitúa en las setenta y dos horas anteriores al desembarco de Normandía. El capitán James Stagg, jefe del servicio meteorológico británico, debe elaborar un pronóstico capaz de determinar si las tropas aliadas pueden cruzar el Canal de la Mancha en condiciones aceptables. Frente a él aparecen previsiones contradictorias, la presión de los mandos militares y una responsabilidad inmensa. La decisión definitiva corresponderá al general Dwight D. Eisenhower, que deberá elegir entre lanzar la operación o aplazarla asumiendo nuevos riesgos.
Anthony Maras convierte un episodio histórico conocido en un thriller de interiores. La tensión no nace aquí de trincheras, explosiones o desembarcos, sino de mapas, informes, llamadas, discusiones y silencios. Andrew Scott compone a James Stagg desde la contención, consciente de que una duda científica puede convertirse en una tragedia humana. Brendan Fraser, como Eisenhower, aporta una gravedad más silenciosa: la del hombre que debe escuchar a expertos enfrentados y tomar una decisión que nadie puede garantizarle que sea correcta. La puesta en escena entiende que, en determinadas circunstancias, una habitación cerrada puede resultar tan tensa como un campo de batalla.
Lo más interesante de Tiempo de victoria es su manera de recordar que la Historia también depende de elementos frágiles. A veces pensamos las grandes guerras en términos de ejércitos, generales y estrategias, pero aquí todo parece pender de nubes, viento y presión atmosférica. Maras encuentra ahí una poderosa paradoja: millones de hombres preparados para una operación gigantesca quedan a merced de algo tan incontrolable como el tiempo. La película funciona mejor cuando abandona la solemnidad y se concentra en la inseguridad humana de quienes deben decidir sin conocer todavía las consecuencias.
Coyote vs. ACME
Coyote vs. ACME, dirigida por Dave Green, parte de una idea tan sencilla como irresistible. Después de años utilizando cohetes, catapultas, explosivos y toda clase de inventos defectuosos en sus intentos por capturar al Correcaminos, Wile E. Coyote decide que quizá el problema no sea únicamente suyo. Para demostrarlo contrata a un abogado especializado en accidentes, interpretado por Will Forte, y presenta una demanda contra ACME. El caso los enfrenta al poderoso director de la compañía, encarnado por John Cena, y convierte las eternas desgracias del Coyote en una batalla judicial.
Dave Green entiende que el verdadero reto consiste en trasladar la lógica de los Looney Tunes al mundo real sin domesticarla. La película mezcla acción real y animación con espíritu de cartoon clásico, respetando la velocidad, el absurdo y la elasticidad física que hicieron inolvidables los cortometrajes de Chuck Jones. Will Forte aporta el desconcierto necesario para que el choque entre ambos mundos funcione, mientras John Cena abraza sin complejos la caricatura empresarial. Bajo el espectáculo visual, la película encuentra una idea especialmente divertida: convertir cada caída, explosión y cohete defectuoso de décadas de dibujos animados en una posible prueba judicial.
Pero Coyote vs. ACME tiene además una lectura inesperadamente emotiva. El Coyote ha pasado toda su existencia perdiendo. Ha caído por barrancos, ha sido aplastado, quemado, lanzado al vacío y engañado por sus propios inventos, para levantarse siempre en el siguiente plano. Esa obstinación absurda acaba convirtiéndolo en una figura casi heroica. La película sabe reírse de él sin despreciarlo. Y quizá ahí reside su mayor encanto: recordarnos que hay algo profundamente humano en seguir intentándolo cuando la lógica, la experiencia y hasta la gravedad aconsejan abandonar.
🎬 La opinión del Sr. Director
Tiempo de victoria y Coyote vs. ACME hablan, desde extremos opuestos, de convivir con la posibilidad del fracaso. James Stagg debe defender un pronóstico sabiendo que puede equivocarse y que las consecuencias serían irreparables. Wile E. Coyote lleva décadas equivocándose y, aun así, vuelve a levantarse. Uno carga con la responsabilidad de acertar una sola vez; el otro ha convertido el error en su forma de existencia.
Anthony Maras convierte la incertidumbre en drama histórico. Dave Green transforma la obstinación en una comedia que recupera el espíritu de los viejos dibujos animados. Entre ambos queda una curiosa lección de esta semana cinematográfica: hay decisiones que exigen saber cuándo avanzar y otras vidas que solo encuentran sentido negándose a dejar de intentarlo.
Esta semana, el cine nos lleva de una sala de operaciones donde cada minuto puede cambiar la Historia a un tribunal donde un Coyote exige cuentas por todos sus fracasos. Dos maneras muy distintas de recordarnos que, antes de cada victoria, siempre existe un instante en el que todavía es posible caer. Nos vemos entre butacas. 🎬✨
domingo, 13 de septiembre de 2026
viernes, 11 de septiembre de 2026
Los viernes, al cine: Estrenos de la semana
Estrenos de la semana
Aulas rotas, familias en marcha
La cartelera de esta semana nos deja dos películas que miran de frente el desgaste de las relaciones humanas. En Bad Apples, una maestra desbordada por un alumno imposible acaba cruzando todos los límites de la vocación educativa. En Lionel, un hijo y un padre distanciados emprenden un viaje que los obliga a enfrentarse a años de silencio y abandono. Una película se mueve en el terreno de la comedia negra; la otra, en el de la road movie íntima. Pero ambas comparten una misma inquietud: qué ocurre cuando los lugares que deberían ampararnos —la escuela, la familia— empiezan también a mostrar sus grietas.
Bad Apples
Bad Apples, dirigida por Jonatan Etzler, sigue a Maria, una profesora de primaria que intenta mantener viva su vocación en una clase de niños de diez u once años. Su trabajo se ve constantemente saboteado por Danny, un alumno especialmente conflictivo cuyo comportamiento amenaza la convivencia del aula y la estabilidad profesional de la maestra. Cuando la situación se descontrola, Maria toma una cadena de decisiones equivocadas que la llevan a encerrar accidentalmente al niño en su propia casa. Mientras intenta encontrar una salida, descubre que la ausencia de Danny mejora de forma inesperada la vida de la clase.
Etzler construye una comedia negra de nervio seco, incómoda y deliberadamente excesiva. La película no pretende funcionar como retrato realista de la enseñanza, sino como una fábula cruel sobre el agotamiento de un sistema educativo que parece exigir paciencia infinita a quienes ya no tienen herramientas para sostenerla. Saoirse Ronan compone a Maria desde una mezcla muy precisa de fragilidad, irritación y desconcierto moral. La puesta en escena juega con el contraste entre música alegre, situaciones brutales y planos expresivos, acercando la película a un territorio donde la risa aparece siempre acompañada de culpa.
Lo más afilado de Bad Apples es que no señala una sola manzana podrida. El alumno violento, la maestra desbordada, los padres ausentes, los directivos complacientes y una sociedad que delega todos sus fracasos en el aula forman parte de la misma cesta. La película puede resultar incómoda precisamente porque convierte una fantasía inconfesable en materia cómica: qué pasaría si el problema desapareciera, aunque fuera por medios moralmente inaceptables. Su virtud está en no permitirnos reír del todo tranquilos. La risa llega, sí, pero llega con una astilla clavada.
Lionel
Lionel, dirigida por Carlos Saiz, presenta a un joven murciano que recibe una noticia capaz de alterar su vida: al cumplir los 26 años dejará de percibir la pensión de orfandad con la que ha vivido desde la muerte de su madre. Sin un rumbo claro, la reaparición de su padre abre una posibilidad inesperada y difícil: viajar juntos hasta Francia para visitar a su hermana. Lo que comienza como un trayecto por carretera se convierte poco a poco en un ajuste de cuentas familiar, marcado por los silencios, los reproches y la necesidad de comprender qué queda entre ellos después de años de distancia.
Carlos Saiz aborda esta historia desde un naturalismo cercano a la observación documental. Lionel no busca grandes golpes dramáticos ni una sentimentalidad subrayada, sino la verdad áspera de los cuerpos dentro de un coche, de las conversaciones que empiezan tarde y de los afectos que no saben expresarse sin herir. La carretera funciona como espacio narrativo y emocional: cuanto más avanzan los personajes hacia Francia, más evidente se vuelve que el verdadero viaje no consiste en llegar a un destino, sino en atravesar aquello que nunca se dijo. La película encuentra en esa sencillez una forma de intimidad muy reconocible.
Lo más valioso de Lionel está en su manera de mirar la familia sin idealizarla. No todos los lazos pueden repararse con una conversación, ni toda ausencia encuentra una explicación suficiente. Saiz filma el reencuentro entre padre e hijo como un terreno lleno de torpeza, rabia y pudor, donde cada gesto de cercanía parece costar más de lo que debería. La película emociona porque no convierte la reconciliación en una meta obligatoria, sino en una posibilidad frágil. A veces, volver a hablar no significa cerrar una herida; significa aceptar que todavía duele y, aun así, seguir unos kilómetros más.
🎬 La opinión del Sr. Director
Bad Apples y Lionel parecen caminar en direcciones opuestas: una se ríe con crueldad del colapso del aula; la otra observa con pudor el intento de recomponer una relación familiar. Pero las dos hablan de personas enfrentadas a una tarea que las supera. Maria quiere seguir siendo profesora cuando todo a su alrededor le recuerda el fracaso del sistema. Lionel busca un lugar propio, aunque para encontrarlo tenga que sentarse junto al padre que llegó tarde a su vida.
La película de Jonatan Etzler convierte el cansancio colectivo en comedia negra. La de Carlos Saiz transforma el viaje familiar en un mapa de heridas no resueltas. Una grita desde el absurdo; la otra susurra desde la carretera. Juntas nos recuerdan que educar, acompañar o ser padre no son palabras nobles por sí mismas: dependen de lo que hacemos cuando la realidad deja de parecer manejable.
Esta semana, el cine nos deja dos espacios de aprendizaje: un aula donde la paciencia se rompe y una carretera donde el silencio empieza a hablar. En ambos casos, nadie sale igual de aquello que por fin se atreve a mirar. Nos vemos entre butacas. 🎬✨
domingo, 6 de septiembre de 2026
viernes, 4 de septiembre de 2026
Los viernes, al cine: Estrenos de la semana
Estrenos de la semana
Cuando el miedo organiza la vida
Después del descanso de agosto, vuelve esta sala semanal donde la cartelera no se mira solo como una sucesión de estrenos, sino como un espejo de nuestro tiempo. Y el regreso no puede ser más intenso: Cronos y Enjambre son dos películas españolas que hablan del miedo, aunque desde lugares muy distintos. Una reconstruye las horas posteriores a una herida real, los atentados de Barcelona de 2017; la otra imagina una comunidad rural donde la promesa de refugio empieza a parecerse demasiado a una cárcel. En ambas, el miedo no solo amenaza: ordena, vigila, decide y transforma la manera en que las personas se relacionan.
Cronos
Cronos, dirigida por Fernando González Molina, se sitúa en Barcelona el 17 de agosto de 2017, cuando un atentado en Las Ramblas sacude la ciudad y activa una operación policial contrarreloj. El dispositivo Cronos se pone en marcha para localizar a los responsables del ataque y evitar nuevas acciones durante los días posteriores. La película sigue el trabajo de las fuerzas de seguridad, el impacto social de aquellos hechos y la tensión de una ciudad que intenta sostenerse entre el miedo, la incertidumbre y una respuesta colectiva marcada por el lema “No tinc por”.
Fernando González Molina aborda un material especialmente delicado: hechos recientes, dolor aún reconocible y una memoria colectiva que pertenece a víctimas, familias, policías, periodistas y ciudadanos. La película se mueve en el terreno del thriller dramático, con una estructura de urgencia y una narración que parece avanzar siempre bajo presión. El montaje, la reconstrucción de los espacios y el reparto coral —con Enric Auquer, Diana Gómez y Mónica López al frente— buscan transmitir la sensación de confusión de aquellas horas, cuando cada información podía ser incompleta y cada minuto contenía la posibilidad de una nueva amenaza.
Lo más importante de Cronos es entender que no estamos ante una película cómoda. Tampoco debería serlo. Su fuerza está en volver sobre una herida sin convertirla en espectáculo vacío, aunque el propio género siempre corra ese riesgo. González Molina filma el miedo como un estado de ciudad: calles cortadas, móviles encendidos, miradas perdidas, mandos policiales tomando decisiones y una población que necesita nombrar el valor para no quedar paralizada. La película quizá no busca abrir grandes interrogantes nuevos sobre el 17-A, pero sí cumple una función emocional: recordar que hay días que una sociedad no supera del todo, solo aprende a incorporar a su memoria.
Enjambre
Enjambre, título español de Eixam, dirigida por Óscar Bernàcer, sigue a Lluc, un hombre que lo ha perdido todo y que recibe de Alba una oportunidad para empezar de nuevo. La salida consiste en integrarse en Malpàs, una aldea aislada donde un grupo de personas convive bajo una organización aparentemente armónica, solidaria y autosuficiente. Lluc aprende las normas de esa comunidad y encuentra allí una posibilidad de futuro, pero poco a poco descubre que la utopía tiene un reverso oscuro y que pertenecer al grupo puede exigir un precio demasiado alto.
Óscar Bernàcer construye su primer largometraje de ficción como un thriller rural de atmósfera cerrada, aunque transcurra en espacios abiertos. Esa es una de sus mejores intuiciones: convertir la naturaleza en un lugar ambiguo, tan hermoso como amenazante. El campo no aparece como refugio puro frente a la vida moderna, sino como escenario de una comunidad que ha sustituido el ruido exterior por otras formas de control. Pablo Molinero y Cristina Fernández Pintado sostienen el conflicto central desde dos fuerzas opuestas: él como hombre roto que necesita creer en una segunda oportunidad; ella como figura de acogida, autoridad y misterio.
Enjambre interesa porque toca una tentación muy contemporánea: la de escapar del mundo para encontrar una vida más justa, más limpia, más humana. Pero la película sabe que ninguna comunidad es inocente si exige obediencia absoluta. Bajo la metáfora de la colmena, Bernàcer plantea una pregunta inquietante: ¿cuánto estamos dispuestos a entregar para sentirnos protegidos? La libertad puede perderse también en nombre del bien común, de la seguridad, de la armonía. Y ahí la película encuentra su verdadera mordida: mostrar que las utopías se vuelven peligrosas cuando dejan de aceptar la diferencia y empiezan a tratar cada deseo individual como una amenaza para el grupo.
🎬 La opinión del Sr. Director
Cronos y Enjambre inauguran esta nueva etapa de la sección con una coincidencia poderosa: las dos hablan de comunidades sometidas a presión. En la primera, la comunidad es una ciudad herida por el terrorismo, obligada a responder en medio del caos. En la segunda, la comunidad es una aldea que promete amparo, pero donde la protección se transforma en vigilancia. Una nace de hechos reales; la otra, de una distopía rural. Pero ambas entienden que el miedo es una fuerza política y emocional capaz de reorganizarlo todo.
La película de González Molina mira una tragedia reciente desde la urgencia del thriller y desde el respeto a una memoria compartida. La de Bernàcer mira el deseo de huida como una trampa posible, una búsqueda de refugio que termina revelando nuevas cadenas. Juntas nos dejan una idea incómoda para empezar septiembre: no basta con preguntarnos de qué tenemos miedo; también conviene preguntarnos quién administra ese miedo, quién dicta las normas cuando estamos asustados y qué libertad estamos dispuestos a ceder para sentirnos a salvo.
Volvemos a la cartelera con dos películas que no ofrecen descanso fácil, pero sí algo más valioso: la posibilidad de mirar de frente aquello que nos inquieta como sociedad. Que esta nueva temporada nos encuentre despiertos, atentos y dispuestos a escuchar lo que el cine vuelve a susurrarnos desde la oscuridad. Nos vemos entre butacas. 🎬✨
lunes, 31 de agosto de 2026
Música para desaparecer en el estío (XII): y Día 31
Artista: Vangelis Tema: Missing (Main theme)
domingo, 30 de agosto de 2026
Música para desaparecer en el estío (XII): Día 30
Artista: Loreena McKennitt Tema: Beneath a Phrygian sky
sábado, 29 de agosto de 2026
Música para desaparecer en el estío (XII): Día 29
Artista: Wim Mertens Tema: Iris
viernes, 28 de agosto de 2026
Música para desaparecer en el estío (XII): Día 28
Artistas: Capercaillie Tema: Ailein Duinn
jueves, 27 de agosto de 2026
Música para desaparecer en el estío (XII): Día 27
Artista: Michael Nyman Tema: Time lapse
miércoles, 26 de agosto de 2026
Música para desaparecer en el estío (XII): Día 26
Artistas: Nightnoise Tema: Island of hope and tears
martes, 25 de agosto de 2026
Música para desaparecer en el estío (XII): Día 25
Artista: George Winston Tema: The Venice dreamer, Pt. 2
lunes, 24 de agosto de 2026
Música para desaparecer en el estío (XII): Día 24
Artistas: Madredeus Tema: O fim da estrada