Estrenos de la semana
Aprender a dominar lo que no se puede controlar
Esta semana el cine nos coloca ante dos formas opuestas de enfrentarse al caos. En Hope, una pequeña comunidad intenta comprender una amenaza que desborda cualquier lógica conocida. En Karateka, Sandra Sánchez convierte el esfuerzo, la repetición y la disciplina en una manera de desafiar aquello que parecía decidido de antemano. Na Hong-jin filma el miedo cuando el mundo deja de obedecer nuestras reglas; Aritz Moreno, la voluntad de alguien que se niega a aceptar las que otros han escrito para ella.
Hope
En Hope Harbor, una aldea aislada de Corea del Sur situada cerca de la Zona Desmilitarizada, el jefe del puesto policial Bum-seok y la agente Sung-ae comienzan a recibir noticias sobre una extraña criatura que merodea por los alrededores. Mientras intentan proteger a una población formada en gran parte por ancianos, Sung-ki y varios habitantes se adentran en las montañas para localizar a la bestia. La búsqueda termina invirtiéndose: los cazadores pasan a convertirse en presas y aquello que parecía un incidente local comienza a adquirir unas dimensiones imposibles de controlar.
Na Hong-jin vuelve a demostrar que entiende el género como un territorio donde las reglas pueden quebrarse en cualquier momento. Después de The Chaser, The Yellow Sea y El extraño, su cine regresa a esa mezcla de violencia, superstición, humor y desconcierto que impide al espectador acomodarse. Hope comienza como un thriller rural, se transforma en película de monstruos, roza el wéstern y acaba expandiéndose hacia una ciencia ficción de escala casi apocalíptica. Hong Kyung-pyo fotografía esa mutación con una energía enorme, mientras el montaje convierte persecuciones, carreteras, bosques y edificios en un espacio donde la acción apenas deja margen para recuperar el aliento.
Lo más interesante de Hope no son sus criaturas, sino la incapacidad humana para interpretar aquello que tiene delante. Na Hong-jin ha explicado que la película parte de una idea sencilla: muchas tragedias nacen de los malentendidos. Y alrededor de ella construye un espectáculo excesivo, a veces incluso desbordado, que puede fascinar tanto como agotar. Hay momentos donde el despliegue visual amenaza con comerse a los personajes, pero precisamente ahí aparece su provocación: cuando dejamos de comprender algo, nuestro primer impulso suele ser nombrarlo como amenaza y combatirlo. Hope convierte ese reflejo en espectáculo y después nos obliga a preguntarnos si alguna vez entendimos realmente aquello contra lo que luchábamos.
Karateka
Sandra Sánchez comienza a practicar kárate desde niña y pronto convierte esa afición en una vocación competitiva. Sin embargo, el camino hacia la élite está marcado por interrupciones, decisiones familiares y un sistema deportivo que llega a considerarla demasiado mayor para seguir apostando por ella. Junto a Jesús del Moral, entrenador y posteriormente compañero de vida, Sandra inicia una nueva etapa que la llevará a competir internacionalmente, enfrentarse al dominio japonés del kata y perseguir un objetivo que parece llegar demasiado tarde: el oro olímpico en Tokio.
Aritz Moreno se enfrenta a uno de los géneros más previsibles del cine —el biopic deportivo— y decide combatir esa previsibilidad desde la puesta en escena. La película concede a los katas una dimensión casi coreográfica: el cuerpo, la respiración, la precisión y la concentración sustituyen al combate físico tradicional. Andrea Ros reproduce con notable rigor los movimientos de Sandra Sánchez y Patrick Criado evita convertir a Jesús del Moral en el simple entrenador inspirador de manual. Moreno imprime además un tratamiento visual más estilizado de lo habitual en este tipo de historias, con especial atención a los espacios, la luz y los viajes por Japón y Taiwán.
Karateka conoce perfectamente el destino de su protagonista y, por tanto, su verdadero desafío no consiste en sorprendernos con el resultado, sino en conseguir que comprendamos todo lo que pesa antes de llegar hasta él. La película acelera algunos años y simplifica inevitablemente parte del recorrido, pero encuentra su fuerza en la relación entre Sandra y Jesús y, sobre todo, en una idea que trasciende el deporte: qué sucede cuando alguien decide seguir adelante después de que una institución le haya comunicado que su momento ya pasó. Andrea Ros sostiene esa batalla sin convertirla en proclama. Su Sandra no vence porque ignore sus límites, sino porque ha aprendido exactamente dónde están.
🎬 La opinión del Sr. Director
Hope y Karateka parecen películas incompatibles, pero ambas hablan de nuestra necesidad de imponer un orden. Na Hong-jin destruye ese orden hasta convertirlo en pánico; Aritz Moreno muestra cómo puede construirse lentamente mediante entrenamiento, paciencia y confianza. Una película mira lo desconocido y descubre que no sabe cómo responder. La otra mira un objetivo imposible y decide repetir el mismo gesto hasta conseguirlo.
Me quedo con Hope por su ferocidad y su capacidad para llevar el cine de género hacia lugares imprevisibles, aunque sus excesos también forman parte de sus defectos. Karateka juega en un terreno más conocido, pero Aritz Moreno consigue darle personalidad visual y evitar que la historia de Sandra Sánchez quede reducida a una sucesión de victorias.
A veces avanzar significa comprender el caos; otras, repetir un gesto hasta que el mundo termina cediendo. Nos vemos entre butacas.





























