viernes, 26 de junio de 2026

Los viernes, al cine: Estrenos de la semana

 

Estrenos de la semana

Canciones peligrosas, deseos que muerden

La cartelera de esta semana nos propone dos películas que, en apariencia, pertenecen a mundos muy distintos: el terror juvenil de Obsession y la comedia musical irlandesa de Letras robadas, título español de Power Ballad. Una convierte el deseo amoroso en una maldición; la otra transforma una canción en territorio de disputa, orgullo y ambición. Pero ambas comparten una misma inquietud: qué ocurre cuando aquello que nace como anhelo íntimo —ser amado, ser reconocido, ser escuchado— se convierte en una fuerza capaz de deformarnos.

Obsession

Obsession, escrita y dirigida por Curry Barker, sigue a Bear, un joven romántico y socialmente torpe que lleva tiempo enamorado de Nikki, su compañera y amiga. Incapaz de aceptar que ese deseo no sea correspondido, Bear recurre a un misterioso objeto llamado “One Wish Willow”, convencido de que podrá conseguir que Nikki se enamore de él. El deseo se cumple, pero no de la forma esperada: la atracción se transforma en una obsesión cada vez más violenta, asfixiante y peligrosa, empujando a ambos hacia una relación dominada por el miedo, la dependencia y la pérdida de control.

Curry Barker construye su película desde una premisa casi de cuento moral, cercana a La pata del mono, pero la traslada al territorio de la ansiedad contemporánea. El resultado es una mezcla de terror sobrenatural, sátira de la comedia romántica y retrato incómodo del amor entendido como posesión. La puesta en escena tiene nervio, sentido del ritmo y una energía propia del cine nacido en los márgenes digitales: Barker sabe provocar tensión, sabe utilizar el humor negro y sabe convertir una situación aparentemente absurda en una pesadilla emocional. Michael Johnston e Inde Navarrette sostienen el centro de la película desde dos posiciones opuestas: él como figura patética y peligrosa del deseo frustrado; ella como cuerpo atrapado en las consecuencias de una fantasía ajena.

Lo más inquietante de Obsession no está en su elemento mágico, sino en lo reconocible de su monstruo. La película entiende que una parte del imaginario romántico tradicional ha educado a demasiados personajes —y a demasiados espectadores— en la idea de que insistir es amar, de que no aceptar un no es una prueba de pasión, de que el deseo masculino merece recompensa por el simple hecho de existir. Barker convierte esa lógica en horror físico. La película puede ser excesiva, incluso irregular en su acumulación de golpes, pero acierta cuando muestra que la obsesión no es una forma extrema del amor: es su negación más violenta.

Letras robadas

Letras robadas, título español de Power Ballad, dirigida por John Carney, presenta a Rick Power, un cantante de bodas venido a menos que arrastra una antigua frustración artística. Durante una noche de música y complicidad conoce a Danny Wilson, una estrella de antigua boy band que busca relanzar su carrera en solitario. De esa improvisada conexión nace una canción con potencial de éxito. Cuando Danny la convierte en un tema popular sin reconocer debidamente la autoría de Rick, la relación entre ambos se transforma en un conflicto de amistad, orgullo, talento y reconocimiento.

John Carney vuelve a uno de sus territorios naturales: la música como espacio de encuentro, reparación y conflicto. Desde Once hasta Begin Again o Sing Street, su cine ha entendido siempre que una canción no es solo una melodía, sino una conversación emocional que los personajes no sabrían mantener de otro modo. Aquí trabaja con una clave más luminosa y cómica, apoyado en la química entre Paul Rudd y Nick Jonas, pero bajo la ligereza late una pregunta amarga: quién merece el éxito, quién se queda en la sombra y cuánto daño puede provocar que una creación íntima sea convertida en producto sin respetar su origen.

Letras robadas tiene el encanto de esas películas que no pretenden cambiar el mundo, sino recordarnos que también necesitamos historias amables, bien afinadas y emocionalmente sinceras. Carney sabe caminar cerca del sentimentalismo sin caer del todo en él, porque sus personajes no son solo soñadores: también son vanidosos, inseguros, contradictorios. Rick no busca únicamente justicia; busca reparar una herida antigua de fracaso. Danny no es solo un ladrón de canciones; es alguien que teme descubrir que quizá su fama ya no basta. La película funciona mejor cuando entiende que la música no resuelve los conflictos, pero permite escucharlos con mayor claridad.

🎬 La opinión del Sr. Director

Obsession y Letras robadas hablan de deseos torcidos por la necesidad de posesión. Bear quiere ser amado, pero confunde el amor con la apropiación de una voluntad ajena. Rick quiere ser reconocido, pero descubre que la creación también puede ser arrebatada, manipulada y convertida en mercancía. Una película se mueve por pasillos de terror; la otra por escenarios, bodas y estudios musicales. Pero en ambas late una misma pregunta: qué hacemos cuando sentimos que aquello que más deseamos no nos pertenece.

La diferencia está en la salida que cada una ofrece. Obsession mira el deseo como una trampa que devora a quien intenta forzar la realidad. Letras robadas mira la ambición con más ternura, como una herida que aún puede ser cantada, compartida y quizá perdonada. Entre el hechizo siniestro de Barker y la melodía reparadora de Carney, la cartelera de esta semana nos recuerda que amar, crear o soñar solo tienen sentido cuando no destruyen la libertad del otro.

Esta semana, el cine nos deja una advertencia y una canción: cuidado con los deseos que exigen dueño, porque el amor y la música solo sobreviven cuando todavía pueden respirar libres. Nos vemos entre butacas. 🎬✨

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