Estrenos de la semana
Decidir bajo presión, caer sin rendirse
La cartelera de esta semana junta dos películas que no podrían parecer más distintas. Tiempo de victoria encierra al espectador en las horas previas al desembarco de Normandía, cuando una previsión meteorológica podía alterar el curso de la guerra. Coyote vs. ACME lleva a los tribunales a uno de los grandes perdedores de la historia de la animación. Una habla de decisiones que pesan sobre millones de vidas; la otra convierte el fracaso perpetuo en comedia. Y, sin embargo, ambas giran alrededor de una misma idea: qué hacemos cuando todo depende de seguir adelante después de haber fallado demasiadas veces.
Tiempo de victoria
Tiempo de victoria, título español de Pressure, dirigida por Anthony Maras, se sitúa en las setenta y dos horas anteriores al desembarco de Normandía. El capitán James Stagg, jefe del servicio meteorológico británico, debe elaborar un pronóstico capaz de determinar si las tropas aliadas pueden cruzar el Canal de la Mancha en condiciones aceptables. Frente a él aparecen previsiones contradictorias, la presión de los mandos militares y una responsabilidad inmensa. La decisión definitiva corresponderá al general Dwight D. Eisenhower, que deberá elegir entre lanzar la operación o aplazarla asumiendo nuevos riesgos.
Anthony Maras convierte un episodio histórico conocido en un thriller de interiores. La tensión no nace aquí de trincheras, explosiones o desembarcos, sino de mapas, informes, llamadas, discusiones y silencios. Andrew Scott compone a James Stagg desde la contención, consciente de que una duda científica puede convertirse en una tragedia humana. Brendan Fraser, como Eisenhower, aporta una gravedad más silenciosa: la del hombre que debe escuchar a expertos enfrentados y tomar una decisión que nadie puede garantizarle que sea correcta. La puesta en escena entiende que, en determinadas circunstancias, una habitación cerrada puede resultar tan tensa como un campo de batalla.
Lo más interesante de Tiempo de victoria es su manera de recordar que la Historia también depende de elementos frágiles. A veces pensamos las grandes guerras en términos de ejércitos, generales y estrategias, pero aquí todo parece pender de nubes, viento y presión atmosférica. Maras encuentra ahí una poderosa paradoja: millones de hombres preparados para una operación gigantesca quedan a merced de algo tan incontrolable como el tiempo. La película funciona mejor cuando abandona la solemnidad y se concentra en la inseguridad humana de quienes deben decidir sin conocer todavía las consecuencias.
Coyote vs. ACME
Coyote vs. ACME, dirigida por Dave Green, parte de una idea tan sencilla como irresistible. Después de años utilizando cohetes, catapultas, explosivos y toda clase de inventos defectuosos en sus intentos por capturar al Correcaminos, Wile E. Coyote decide que quizá el problema no sea únicamente suyo. Para demostrarlo contrata a un abogado especializado en accidentes, interpretado por Will Forte, y presenta una demanda contra ACME. El caso los enfrenta al poderoso director de la compañía, encarnado por John Cena, y convierte las eternas desgracias del Coyote en una batalla judicial.
Dave Green entiende que el verdadero reto consiste en trasladar la lógica de los Looney Tunes al mundo real sin domesticarla. La película mezcla acción real y animación con espíritu de cartoon clásico, respetando la velocidad, el absurdo y la elasticidad física que hicieron inolvidables los cortometrajes de Chuck Jones. Will Forte aporta el desconcierto necesario para que el choque entre ambos mundos funcione, mientras John Cena abraza sin complejos la caricatura empresarial. Bajo el espectáculo visual, la película encuentra una idea especialmente divertida: convertir cada caída, explosión y cohete defectuoso de décadas de dibujos animados en una posible prueba judicial.
Pero Coyote vs. ACME tiene además una lectura inesperadamente emotiva. El Coyote ha pasado toda su existencia perdiendo. Ha caído por barrancos, ha sido aplastado, quemado, lanzado al vacío y engañado por sus propios inventos, para levantarse siempre en el siguiente plano. Esa obstinación absurda acaba convirtiéndolo en una figura casi heroica. La película sabe reírse de él sin despreciarlo. Y quizá ahí reside su mayor encanto: recordarnos que hay algo profundamente humano en seguir intentándolo cuando la lógica, la experiencia y hasta la gravedad aconsejan abandonar.
🎬 La opinión del Sr. Director
Tiempo de victoria y Coyote vs. ACME hablan, desde extremos opuestos, de convivir con la posibilidad del fracaso. James Stagg debe defender un pronóstico sabiendo que puede equivocarse y que las consecuencias serían irreparables. Wile E. Coyote lleva décadas equivocándose y, aun así, vuelve a levantarse. Uno carga con la responsabilidad de acertar una sola vez; el otro ha convertido el error en su forma de existencia.
Anthony Maras convierte la incertidumbre en drama histórico. Dave Green transforma la obstinación en una comedia que recupera el espíritu de los viejos dibujos animados. Entre ambos queda una curiosa lección de esta semana cinematográfica: hay decisiones que exigen saber cuándo avanzar y otras vidas que solo encuentran sentido negándose a dejar de intentarlo.
Esta semana, el cine nos lleva de una sala de operaciones donde cada minuto puede cambiar la Historia a un tribunal donde un Coyote exige cuentas por todos sus fracasos. Dos maneras muy distintas de recordarnos que, antes de cada victoria, siempre existe un instante en el que todavía es posible caer. Nos vemos entre butacas. 🎬✨
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