viernes, 11 de septiembre de 2026

Los viernes, al cine: Estrenos de la semana

 

Estrenos de la semana

Aulas rotas, familias en marcha

La cartelera de esta semana nos deja dos películas que miran de frente el desgaste de las relaciones humanas. En Bad Apples, una maestra desbordada por un alumno imposible acaba cruzando todos los límites de la vocación educativa. En Lionel, un hijo y un padre distanciados emprenden un viaje que los obliga a enfrentarse a años de silencio y abandono. Una película se mueve en el terreno de la comedia negra; la otra, en el de la road movie íntima. Pero ambas comparten una misma inquietud: qué ocurre cuando los lugares que deberían ampararnos —la escuela, la familia— empiezan también a mostrar sus grietas.

Bad Apples

Bad Apples, dirigida por Jonatan Etzler, sigue a Maria, una profesora de primaria que intenta mantener viva su vocación en una clase de niños de diez u once años. Su trabajo se ve constantemente saboteado por Danny, un alumno especialmente conflictivo cuyo comportamiento amenaza la convivencia del aula y la estabilidad profesional de la maestra. Cuando la situación se descontrola, Maria toma una cadena de decisiones equivocadas que la llevan a encerrar accidentalmente al niño en su propia casa. Mientras intenta encontrar una salida, descubre que la ausencia de Danny mejora de forma inesperada la vida de la clase.

Etzler construye una comedia negra de nervio seco, incómoda y deliberadamente excesiva. La película no pretende funcionar como retrato realista de la enseñanza, sino como una fábula cruel sobre el agotamiento de un sistema educativo que parece exigir paciencia infinita a quienes ya no tienen herramientas para sostenerla. Saoirse Ronan compone a Maria desde una mezcla muy precisa de fragilidad, irritación y desconcierto moral. La puesta en escena juega con el contraste entre música alegre, situaciones brutales y planos expresivos, acercando la película a un territorio donde la risa aparece siempre acompañada de culpa.

Lo más afilado de Bad Apples es que no señala una sola manzana podrida. El alumno violento, la maestra desbordada, los padres ausentes, los directivos complacientes y una sociedad que delega todos sus fracasos en el aula forman parte de la misma cesta. La película puede resultar incómoda precisamente porque convierte una fantasía inconfesable en materia cómica: qué pasaría si el problema desapareciera, aunque fuera por medios moralmente inaceptables. Su virtud está en no permitirnos reír del todo tranquilos. La risa llega, sí, pero llega con una astilla clavada.

Lionel

Lionel, dirigida por Carlos Saiz, presenta a un joven murciano que recibe una noticia capaz de alterar su vida: al cumplir los 26 años dejará de percibir la pensión de orfandad con la que ha vivido desde la muerte de su madre. Sin un rumbo claro, la reaparición de su padre abre una posibilidad inesperada y difícil: viajar juntos hasta Francia para visitar a su hermana. Lo que comienza como un trayecto por carretera se convierte poco a poco en un ajuste de cuentas familiar, marcado por los silencios, los reproches y la necesidad de comprender qué queda entre ellos después de años de distancia.

Carlos Saiz aborda esta historia desde un naturalismo cercano a la observación documental. Lionel no busca grandes golpes dramáticos ni una sentimentalidad subrayada, sino la verdad áspera de los cuerpos dentro de un coche, de las conversaciones que empiezan tarde y de los afectos que no saben expresarse sin herir. La carretera funciona como espacio narrativo y emocional: cuanto más avanzan los personajes hacia Francia, más evidente se vuelve que el verdadero viaje no consiste en llegar a un destino, sino en atravesar aquello que nunca se dijo. La película encuentra en esa sencillez una forma de intimidad muy reconocible.

Lo más valioso de Lionel está en su manera de mirar la familia sin idealizarla. No todos los lazos pueden repararse con una conversación, ni toda ausencia encuentra una explicación suficiente. Saiz filma el reencuentro entre padre e hijo como un terreno lleno de torpeza, rabia y pudor, donde cada gesto de cercanía parece costar más de lo que debería. La película emociona porque no convierte la reconciliación en una meta obligatoria, sino en una posibilidad frágil. A veces, volver a hablar no significa cerrar una herida; significa aceptar que todavía duele y, aun así, seguir unos kilómetros más.

🎬 La opinión del Sr. Director

Bad Apples y Lionel parecen caminar en direcciones opuestas: una se ríe con crueldad del colapso del aula; la otra observa con pudor el intento de recomponer una relación familiar. Pero las dos hablan de personas enfrentadas a una tarea que las supera. Maria quiere seguir siendo profesora cuando todo a su alrededor le recuerda el fracaso del sistema. Lionel busca un lugar propio, aunque para encontrarlo tenga que sentarse junto al padre que llegó tarde a su vida.

La película de Jonatan Etzler convierte el cansancio colectivo en comedia negra. La de Carlos Saiz transforma el viaje familiar en un mapa de heridas no resueltas. Una grita desde el absurdo; la otra susurra desde la carretera. Juntas nos recuerdan que educar, acompañar o ser padre no son palabras nobles por sí mismas: dependen de lo que hacemos cuando la realidad deja de parecer manejable.

Esta semana, el cine nos deja dos espacios de aprendizaje: un aula donde la paciencia se rompe y una carretera donde el silencio empieza a hablar. En ambos casos, nadie sale igual de aquello que por fin se atreve a mirar. Nos vemos entre butacas. 🎬✨

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