Estimados lectores de El Macondo de Gabo,
Esta semana, la cartelera nos presenta dos películas que, desde perspectivas distintas, abordan temas profundos sobre la maternidad, la comunicación y la lucha contra sistemas opresivos. Sorda, dirigida por Eva Libertad, nos sumerge en la experiencia de una mujer sorda enfrentando la maternidad, mientras que Vida en pausa (Quiet Life), del cineasta griego Alexandros Avranas, explora el impacto del síndrome de resignación en una familia refugiada.
'Sorda': Un retrato íntimo de la maternidad y la identidad
Eva Libertad debuta en el largometraje con Sorda, una película que ha captado la atención en festivales como Berlín y Málaga. La historia sigue a Ángela, interpretada por Miriam Garlo, una alfarera sorda que se enfrenta al desafío de la maternidad y al temor de que su hija herede su discapacidad auditiva. La narrativa se centra en las complejidades emocionales y sociales que surgen en este contexto, ofreciendo una mirada profunda y auténtica a la experiencia de la protagonista.
Las interpretaciones son destacables. Miriam Garlo aporta una autenticidad conmovedora a su papel, reflejando las luchas internas y externas de Ángela. Álvaro Cervantes, en el rol de Héctor, el esposo oyente, complementa con una actuación que equilibra sensibilidad y realismo. La química entre ambos actores contribuye a la credibilidad de la relación y a la tensión dramática de la trama.
La dirección de Libertad es sensible y respetuosa, evitando caer en sentimentalismos y presentando una narrativa que invita a la reflexión sobre la inclusión y la comunicación en las relaciones interpersonales. La película también destaca por su representación de la comunidad sorda, ofreciendo una perspectiva que rara vez se ve en el cine mainstream.
'Vida en pausa': Un reflejo inquietante de la desesperanza
Por otro lado, Vida en pausa (Quiet Life) nos traslada a la Suecia de 2018, donde una familia rusa busca asilo tras huir de su país natal. La trama se centra en Sergei (Grigory Dobrygin) y Natalia (Chulpan Khamatova), quienes, junto a sus dos hijas, enfrentan la incertidumbre de su estatus migratorio. La situación se complica cuando Katja, la hija menor, cae en un misterioso coma conocido como síndrome de resignación, una condición real que afecta a niños refugiados en situaciones de estrés extremo.
Avranas aborda este fenómeno con una narrativa fría y distante, reflejando la apatía del sistema burocrático que enfrenta la familia. La cinematografía utiliza tonos apagados y encuadres estáticos para enfatizar la sensación de desesperanza y estancamiento. Las actuaciones son contenidas, lo que refuerza la atmósfera de alienación y deshumanización.
La película sirve como una crítica a los sistemas de asilo y la despersonalización de los refugiados, poniendo de manifiesto las fallas de un sistema que debería ser protector pero que, en cambio, perpetúa el sufrimiento. Es un relato que incomoda y provoca reflexión sobre la condición humana y las estructuras sociales que la moldean.
Estas obras son testimonio del poder del cine para iluminar historias marginadas y fomentar una mayor comprensión de las diversas experiencias humanas.
¡Hasta la semana que viene! Disfruten del cine.
El Sr. Director de El cine de Macondo