viernes, 15 de mayo de 2026

Los viernes, al cine: Estrenos de la semana

 

Estrenos de la semana

La imaginación como refugio, la memoria como condena

Esta semana la cartelera nos encierra en dos espacios donde la realidad empieza a resquebrajarse. En Hokum, una posada irlandesa convierte el duelo en pesadilla; en El beso de la mujer araña, una celda transforma el relato cinematográfico en una forma desesperada de libertad. Dos películas distintas en género, tono y ambición, pero unidas por una misma intuición: cuando el mundo exterior se vuelve insoportable, la mente inventa habitaciones secretas donde sobrevivir.

Hokum

Hokum, dirigida y escrita por Damian McCarthy, sigue a Ohm Bauman, un novelista estadounidense que viaja a una posada remota de Irlanda para esparcir las cenizas de sus padres y cerrar una etapa marcada por el duelo. El lugar, vinculado al viaje de luna de miel de sus progenitores, está rodeado por rumores sobre una antigua bruja que habría habitado la suite nupcial. A medida que avanza su estancia, las visiones, las desapariciones y la extrañeza del entorno empujan al protagonista hacia una experiencia cada vez más inquietante.

McCarthy vuelve a demostrar que entiende el terror como una arquitectura del desconcierto. La película no se apoya únicamente en el sobresalto, aunque lo maneja con precisión, sino en la sensación de que cada puerta del hotel conduce a una versión deformada de la culpa. La posada funciona como un organismo enfermo: pasillos, habitaciones, murmullos y rincones parecen respirar alrededor de Ohm. Adam Scott, alejado aquí de su registro más amable, sostiene la película desde una mezcla de cansancio, arrogancia y fragilidad, convirtiendo al escritor bloqueado en alguien atrapado no solo por una leyenda, sino por su propia incapacidad para comprender el dolor que arrastra.

Lo más interesante de Hokum es que su terror no nace únicamente de la bruja, sino de la sospecha de que toda historia inventada acaba reclamando algo de quien la cuenta. McCarthy juega con el folk horror, la comedia negra y el trauma psicológico, pero lo que permanece es una pregunta muy sencilla: ¿qué ocurre cuando el miedo deja de ser una amenaza exterior y se convierte en una forma de memoria? La película puede resultar enrevesada en su acumulación de símbolos, pero encuentra imágenes poderosas para hablar del duelo como una habitación cerrada que alguien tendrá que abrir tarde o temprano.

El beso de la mujer araña

El beso de la mujer araña, dirigida por Bill Condon, reúne en una celda a Valentín, preso político, y Molina, un escaparatista condenado por escándalo público. Entre ambos surge un vínculo inesperado cuando Molina comienza a relatar la trama de un viejo musical de Hollywood protagonizado por Ingrid Luna, su diva favorita. A través de esas historias, la prisión se abre a un mundo de fantasía donde los recuerdos, el deseo, la política y la necesidad de escapar se mezclan con la realidad cotidiana de los dos reclusos.

Condon afronta el material desde una apuesta clara por el contraste: la dureza física de la celda frente al fulgor artificial del musical. La película alterna el encierro y la fantasía, el cuerpo castigado y el espectáculo, la palabra íntima y la coreografía. Diego Luna aporta gravedad política a Valentín, Tonatiuh compone a Molina desde la vulnerabilidad y el artificio entendido como defensa, y Jennifer Lopez encarna esa imagen de diva cinematográfica que no pertenece del todo al mundo real, sino al territorio luminoso donde el cine promete consuelo. La puesta en escena encuentra su motor en esa tensión entre lo que oprime y lo que imagina.

La película funciona mejor cuando entiende que el escapismo no es una huida menor, sino una forma de resistencia emocional. Molina no cuenta películas para adornar el encierro: las cuenta para seguir existiendo. Y Valentín, que al principio parece desconfiar de esa belleza fabricada, termina descubriendo que también la fantasía puede contener una verdad política. El beso de la mujer araña corre el riesgo de embellecer demasiado el dolor, pero cuando encuentra el equilibrio entre celda y escenario, entre herida y canción, recuerda que el cine no siempre libera los cuerpos, pero a veces impide que el alma se rinda antes de tiempo.

🎬 La opinión del Sr. Director

Hokum y El beso de la mujer araña hablan, cada una a su manera, de personajes encerrados con sus fantasmas. Un escritor llega a Irlanda creyendo que podrá despedirse del pasado y descubre que el pasado no acepta despedidas tan fácilmente. Dos presos comparten una celda y descubren que una película contada en voz baja puede abrir una grieta en los muros. En una, la imaginación invoca monstruos; en la otra, fabrica belleza. Pero en ambas el relato se convierte en refugio y condena, en salvación y trampa.

Quizá por eso estas dos películas se miran mejor juntas: porque nos recuerdan que todos, en algún momento, necesitamos inventar una historia para atravesar la noche. Algunas historias nos salvan. Otras nos persiguen. Y las mejores, como el cine, hacen ambas cosas al mismo tiempo. Nos vemos entre butacas. 🎬✨

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